Santa Teresita del Niño Jesús: ejemplo de formación


01 Oct
01Oct

Queridos lectores:

Hace tan sólo tres días, lanzábamos este proyecto del blog de formación en el que os encontráis ahora. Y os puedo asegurar que si acá estamos, es porque todos queremos lo mismo: formarnos.

De hecho, en el anterior artículo, mencionábamos someramente la idea de este espacio de formación. Hoy, sin querer dejar pasar la fiesta de una santa tan especial como Teresita, queremos presentar la necesidad de la formación en nuestras vidas, y vamos a traer como ejemplo el caso de esta santa y su ambiente familiar. Nos lo podríamos preguntar a la inversa: ¿Hubiera sido posible tener hoy a una santa Teresita del Niño Jesús en los altares, sin la formación que recibió ella misma de sus santos progenitores? Y la respuesta es casi obligada: no. No sería posible que un hijo o hija dé los frutos que dio Teresita, sin nacer, crecer y educarse en un hogar cristiano con formación.

Veamos. Brevemente, ¿qué significa formarse?

Podemos aproximarnos a este concepto desde varios ángulos, por ejemplo, el más conocido hoy por la gente: el profesional y empresarial. En este caso, vamos a escuchar la palabra <formación> centenares de veces y con un único significado: capacitación para alguna empresa o progreso permanente en alguna profesión. No vamos a salir de este concepto mientras nos refiramos a lo que el mundo entiende por formarse. Y está bien aplicado. Sin embargo, vayamos a ver el concepto desde otros puntos de vista, como sería el que nos interesa ahora.

Formarse en el espíritu:

¿Es esto lo que quiere decir el slogan que anda rondando por muchísimos carteles y sitios de internet? Absolutamente no. A menos que estemos hablando de nuestro caso, en el que queremos justamente adelantar el blog y los cursos. Formarse intelectual, espiritual y moralmente, para la vida.

Desde esta mirada más profunda y filosófica es que se entiende la necesidad de formarnos. Quiere decir lograr una forma en el alma, ir modelando el espíritu dándole de a poco aquella forma que Dios tiene pensada para cada uno. Se diferencia entonces del concepto informarse. No es absolutamente necesario estar informados, pero sí formarse en lo esencial de la vida.

¿Cuál sería la causa de tanto desvarío en la gente de hoy y en la juventud actual? La causa está en esto que acabamos de mencionar: La formación ausente. ¿Habrán tenido los pobres jovencitos delincuentes la misma formación que recibió Santa Teresita del Niño Jesús en su hogar? Casi seguro que no.

Por eso necesitamos formarnos y formar a los demás. Necesitamos estar bien formados nosotros para poder también formar a nuestros descendientes y coetáneos.  Y si no nos parece necesario este trabajo de formación espiritual, intelectual y moral, puede ser que no hayamos entendido el problema.

Vayamos ahora sí al ejemplo que hoy nos propone la Iglesia: Santa Teresita.

Si queréis dedicaros este día, o cualquier día de vuestra vida, a conocerla en sus fuentes, no podéis dejar de conocer la existencia de su autobiografía “Historia de un alma”. Aquí os dejo para descargarla: https://norfipc.com/pdf/Historia-de-un-Alma-Santa-Teresita.pdf

Hoy, sin embargo, aportemos un aspecto de su vida, muy simple y concreto, que es el que nos atañe: su formación cristiana en casa.

Sus padres tienen que haber sido grandes personas espirituales, ya que de hecho la Santa Iglesia nos los propone también como modelos en los altares. Ellos son San Luis Martin y Santa Celia Guérin.

Tampoco quiero en este breve artículo presentaros una biografía de los santos. Para ello podéis consultar sus historias con mayor detalle en los libros. Aquí os dejo una referencia sobre sus vidas: “Historia de una familia, Una Escuela de Santidad”  Para consultar: https://www.montecarmelo.com/karmel/360-historia-de-una-familia.html

Lo que sí me interesa que reflexionemos y nos demos cuenta de su importancia esencial, es el tema de la formación en familia, en el hogar, y desde pequeños.

Volvemos a la pregunta retórica del principio: ¿Hubiese sido posible tenerla a Teresita en nuestro pensamiento hoy, después de 123 años de su muerte, sin la formación recibida en su hogar?

Y esta otra: ¿Los jóvenes desorientados de hoy, estarían así si hubiesen recibido, no algunos pocos, sino todos ellos, toda la sociedad, una buena formación cristiana en el propio hogar?

Esto último nos suena un poco utópico, pero es totalmente lícito conjeturarlo. La respuesta siempre es la misma: una buena formación, y sobre todo, un verdadero amor y afecto de los padres hacia sus hijos, cambia el futuro de los mismos, y en última instancia, de la sociedad y del mundo entero. ¿Acaso la familia no es la célula fundamental de la sociedad?

En efecto, la santa en cuestión nos lo atestigua en un escrito. Decía ella de sus padres: “Tuve la dicha de pertenecer a unos padres incomparables, que nos rodearon de los mismos cuidados y cariños… Quería Jesús sin duda, en su amor, hacerme conocer a la madre incomparable que me había dado, y a la que su divina mano quería a toda prisa coronar en el cielo… Mis primeros recuerdos guardan la huella de las más tiernas sonrisas y caricias… Amaba yo mucho a papá y a mamá, y les demostraba de mil maneras mi ternura”.

¿Cuál fue entonces el secreto de esta familia, que dio santos como Teresita a la Iglesia y al mundo? El secreto, simple pero clave, fue el siguiente:

Teresa nació en una familia que sabía orar. 

La oración se respiraba en el ambiente familiar. En la casa de Teresita se ora; se ora siempre; es una “actividad esencial.” Todos juntos acuden a las celebraciones litúrgicas y aprenden a leer los acontecimientos de la vida, gozosos o dolorosos, con visión sobrenatural y fe en Dios.

¿Y los libros?

¿Qué relación tienen los libros en su vida, como nos podríamos imaginar al hablar de formación?

La respuesta es también clara y sencilla. Yo diría que lo primero lo primero. Sin oración verdadera, es decir, -hablar con Dios-, leer muchos libros de lo que sea, no tiene fundamento. Escuchemos lo que Teresita decía sobre la oración:

“Para ser escuchadas, no hace falta leer en un libro una hermosa fórmula compuesta para esa ocasión. Si fuese así… ¡qué digna de lástima sería yo…! Fuera del Oficio divino, que tan indigna soy de recitar, no me siento con fuerzas para sujetarme a buscar en los libros hermosas oraciones; me produce dolor de cabeza, ¡hay tantas, y, a cada cual más hermosa…! No podría rezarlas todas, y, al no saber cuál escoger, hago como los niños que no saben leer, le digo a Dios simplemente lo que quiero decirle, sin componer frases hermosas, y él siempre me entiende”

¿Es entonces cuestión de no leer, no formarse con libros y educación? No; al contrario. Aquí se aplica el otro dicho: “una cosa no quita a la otra”. Sólo que las prioridades existen, y debemos respetarlas. Dios y su gloria primero. Como nos enseñó Jesús para perpetuidad: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” O sea, que primero la formación espiritual, y luego lo demás. Y dicha formación comienza con un diálogo; un diálogo personal con nuestro Creador y Redentor. Si no asentamos bien estas bases, también será en vano el resto de la edificación. Teresita, antes de “formar” a alguien, se encomendaba a la Virgen, nuestra Señora del buen consejo:

“Yo nunca aconsejo nada a nadie sin haberme encomendado a la Virgen Santísima. Ella es la que hace que las palabras que digo tengan eficacia en los que las escuchan”.

Acudamos entonces, queridos lectores, a los ejemplos de quienes ya antes que nosotros han recorrido este camino de formación personal y del prójimo, y no dejemos de imitarlos en nuestra vida, corta y efímera.

Para este fin hemos creado el presente blog y los cursos a los que os podéis apuntar libremente. También para tomarnos en serio una buena formación personal, y quizás más importante ahora, la de nuestros hijos, hemos creado el canal de YouTube con publicaciones semanales de este tema. No será mucho, pero lo poco que hagamos, puede servir a algunos pocos, que valen más que todo el universo creado, a decir de Santo Tomás de Aquino. Una sola alma vale eso. Lo que pasa es que Nuestro Señor dio su divina sangre por esa alma. ¿Acaso no iba a valer más que todo lo creado?

Formémonos, entonces. Formemos nuestras mentes, y sobre todo, nuestros corazones, en la escuela del amor. "Amar, ¡qué bien hecho está nuestro corazón para eso!" decía Santa Teresita.

Terminamos con una cita de San Juan Pablo II:

“En un tiempo como el nuestro, caracterizado por la cultura de lo efímero y del hedonismo, esta nueva Doctora de la Iglesia se muestra dotada de una singular eficacia para esclarecer el espíritu y el corazón de los que tienen sed de verdad y de amor”.

Nos encomendamos a María Santísima.

Formación con Luis María

Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.