LECCIÓN 9: DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS, AL TERCER DÍA RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS


28 Nov
28Nov

ARTÍCULO V

Queridos amigos y lectores de nuestro simple y conciso blog de formación: 

Hoy nos toca estudiar y meditar lo que podríamos llamar "el sentido de nuestra fe". Junto con San Pablo, nosotros también afirmamos que vana sería nuestra fe si Jesús no resucitó. (I Corintios 15,14)

Estamos delante del milagro más grande de toda la historia: la resurrección de un muerto por virtud propia.

Jesús ya había resucitado a otros, lo cual es razón más que suficiente para creer en su divinidad. Sin embargo, el darse la vida a sí mismo luego de morir verdaderamente, supera cualquier milagro posible. ¡Y esto sucedió de verdad! 

Recomiendo ver una película basada en hechos reales, que puede ayudar mucho a los lectores que quieran profundizar este tema. Se titula "El caso de Cristo", o The case for Christ.

Por eso es que nosotros afirmamos y defendemos esta gran verdad: Jesucristo resucitó. Este es el sentido de nuestra fe. Es una verdad central. Y estamos dispuestos a morir por ello; de hecho, ya han dado la vida millones de personas por profesar este artículo, y hasta el día de hoy cristianos siguen muriendo a causa de esta verdad. No se olviden el atentado en Sri Lanka de hace poco más de un año, pleno siglo XXI, año 2019... dejando a 359 muertos y unos 500 heridos, cristianos que celebraban este mismo misterio: la Resurrección de Cristo, ocurrida hace más de 2000 años. ¡Vaya actualidad!

Pero avancemos en el artículo de hoy:

Descendió a los infiernos significa que al morir Jesús, su alma santa fue al limbo de los justos o seno de Abrahán. 

El limbo de los justos es el lugar donde iban las almas de los justos que murieron antes que Jesucristo. 

Jesús fue a buscar aquellas almas santas para llevarlas consigo al cielo. Ningún hombre podía entrar en el cielo antes que Jesucristo. Nuestro Señor, por tanto, no fue al infierno de los condenados. 

Jesús, al tercer día después de su muerte, resucitó glorioso y triunfante para nunca más morir. Estuvo resucitado cuarenta días sobre la tierra. Confirmó en la fe a sus discípulos, a quienes se apareció muchas veces, hablándoles del reino de Dios.

La resurrección tuvo lugar al alba del domingo. Es por esta razón que los cristianos celebramos el domingo como día del Señor, y no el sábado.

CONCLUSIÓN

Esta fue una lección corta, pero no por eso menos importante; es más: debemos considerarlo el artículo central de nuestro Credo: "et resurrexit tertia die secundum scripturas

Si Jesús no hubiera resucitado, como decía San Pablo, absolutamente vana sería toda nuestra fe en Él: sus palabras se hubiesen esfumado en el aire, su promesa de resucitar no se hubiera cumplido, y hasta hoy dudaríamos que fuera realmente Dios, e incluso, pensaríamos que nos engañó.

Pero como Jesús sí resucitó, entonces sabemos que venció a la muerte y al pecado; sabemos que Jesús es Dios; sabemos que nosotros resucitaremos también; sabemos que ganó para nosotros la vida eterna y de esta manera, toda nuestra vida adquiere sentido. ¡Así sí vale la pena ser cristiano!

La Resurrección es fuente de profunda alegría; los cristianos no podemos vivir más con caras tristes. Debemos tener cara de resucitados y demostrar al mundo entero nuestra alegría, porque Jesús ha vencido a la muerte, al mundo y al demonio. No tenemos razones para temer a nuestros enemigos: Jesucristo ya los venció para siempre.

La Resurrección de Jesús es fuente de profunda esperanza. En este mundo tan horizontal e inmanente, donde sólo tiene sentido lo inmediato y lo material, Jesús nos habla de otra vida y del verdadero sentido de ésta. 

"Si habéis pues resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra." (Colosenses 3, 1)

Anclados en esta esperanza y en esta alegría, continuemos nuestra breve vida aquí en la tierra, con la profunda convicción de que ya vencimos... en Él.

Y cada vez que recemos el Santo Rosario, en el primer misterio de gloria, pidamos como fruto el aumento de nuestra fe.

¡Hasta la próxima, y buena semana!

Formación con Luis María


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