LECCIÓN 7: QUE FUE CONCEBIDO POR OBRA Y GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO, NACIÓ DE SANTA MARÍA VIRGEN


16 Nov
16Nov

Queridos amigos y alumnos de Formación con Luis María:

Bienvenidos nuevamente a estos cursos de formación, breves pero muy ricos; simples pero sublimes. A los nuevos, les agradezco por sumarse, y a todos los sigo alentando, como siempre, a perseverar en la formación, a fin de poder ser santos. Para amar, necesitamos conocer. Y aquí vamos a aprender sobre la Persona a la que debemos amar, para ser santos, y, por ende, felices. 

Por eso, hoy continuamos con nuestro credo, y vamos al tercer artículo, “QUE FUE CONCEBIDO POR OBRA Y GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO, NACIÓ DE SANTA MARÍA VIRGEN” 

Hablamos de Jesucristo

Jesucristo, en cuanto Dios, ha existido siempre; en cuanto hombre, empezó a existir desde el momento de la Encarnación. 

La palabra Encarnación significa que el Hijo de Dios se hizo hombre; tomó carne. El Hijo de Dios se hizo hombre tomando un cuerpo como el nuestro y un alma como la nuestra, en el seno purísimo de María, por obra del Espíritu Santo. Es decir, que, como todos nosotros, fue un embrión. 

Se dice que la Encarnación fue por obra del Espíritu Santo, porque es obra de bondad y amor. Recordemos que el Espíritu Santo es el Amor del Padre y del Hijo. A Él se le adjudican las obras de amor. 

La madre de N. S. Jesucristo fue María, que permaneció virgen perpetuamente. María es la única entre todas las mujeres que es a la vez madre y virgen. El Hijo de Dios fue concebido y nació, no como los demás hombres, sino obrando Dios sobrenatural y milagrosamente. 

Jesús, en cuanto Dios, tiene solamente padre. En cuanto hombre, tiene solamente madre. San José no fue el padre de Jesús, pero era tenido como tal por ser esposo de María. 

El fin de la Encarnación: la Redención 

El Hijo de Dios se hizo hombre para redimirnos y darnos ejemplo de vida

Redimirnos quiere decir librarnos del pecado y de la muerte eterna, y merecernos la gloria. 

Jesús nos redimió muriendo en la Cruz. 

Darnos ejemplo de vida quiere decir enseñarnos el camino del cielo. Nos enseñó el camino del cielo con palabras y con obras.

Con obras, lo hizo durante toda su vida; y con palabras, los últimos tres años de ella. 

Jesucristo, el centro de la historia

El año en que estamos ahora nos indica cuánto tiempo hace que el Hijo de Dios se hizo hombre. Los cristianos empezaron a contar los años desde la venida de Jesucristo. De este modo, lo quieran o no los ateos e infieles, la historia se divide en dos: antes de Cristo, y después de Cristo. 

Desde Adán hasta Jesucristo pasaron 4000 años. El Hijo de Dios se hizo hombre el 25 de marzo del año 4000 de la creación. Nació en el portal de Belén el 25 de diciembre. 

Vida humilde y sublime de Jesucristo

Dice el Santo Evangelio que Jesús crecía en edad, sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres. De esta manera también debemos procurar crecer nosotros. 

Jesús vivió sobre la tierra treinta y tres años. Una vida breve.

Los treinta primeros los pasó en su casa. Al tener edad de trabajar, se ocupó en el humilde oficio de carpintero. Luego, terminado este período de vida oculta, pasó los tres últimos años de su vida predicando el Santo Evangelio. 

Manifestó claramente que era el Hijo de Dios; y lo probó, haciendo grandes milagros. Daba vista a los ciegos, oído a los sordos, palabra a los mudos, curaba toda clase de enfermedades y hasta resucitaba a los muertos. 

El más grande de todos los milagros fue resucitarse a Sí mismo. 

Jesús eligió a doce hombres, casi todos pescadores ignorantes, para que lo acompañaran como sus discípulos más queridos e íntimos confidentes, en el tiempo que duró su predicación; éstos fueron los doce apóstoles. La Iglesia que fundó nuestro Señor Jesucristo es Apostólica. Lo veremos en el artículo 9 del credo. 

Conclusión: 

Sería de muchísimo provecho meditar sobre la grandeza de un Dios que toma la forma humana: se hace embrión, y crece, nace, vive y muere como todos nosotros. 

La humildad, por tanto, de este gran Dios, que elige libremente la pobreza y el trabajo. Elige una vida dura y una muerte crudelísima. Todo por amor a nosotros. Y gracias a Él, ahora estamos redimidos y podemos salvarnos.

Nos enseñó con palabras, y nos dio ejemplo con obras. 

Recordemos algunas de sus bellísimas palabras que nos llenan de consuelo en este valle de lágrimas: 

“Venid a mí, todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré” … 

“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” … 

“Mi yugo es suave y mi carga ligera” … Mateo 11, 29 

¡Qué gusto da sumergirse en el Santo Evangelio, y gustar de cada una de las frases de nuestro Salvador! No dejemos de leer y meditarlas, ya que son manantiales de agua fresca en este desierto caluroso y árido del siglo. 

“El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para la vida eterna” Juan 4,13 

¡Hasta la próxima, y Ave María purísima!

Formación con Luis María

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