LECCIÓN 4: LA FE


26 Oct
26Oct

¡Queridos amigos lectores y estudiantes! 

¡Feliz inicio de semana en el nombre de la Trinidad Santa!

¡Hoy cumplimos nuestro primer mes del blog! ¡Felicidades para los que vienen siguiendo con perseverancia cada lección, y bienvenidos a los que se vayan sumando! Hoy, más que nunca, necesitamos de sana formación. En este blog se las aseguramos totalmente, ya que todo será enseñanza  pura de los tres pilares de nuestra fe, como aprendimos en la lección 2.

¡Bienvenidos entonces a este curso de aprendizaje de la “ciencia de los santos”! Como decíamos en la lección 3, no hay ciencia más importante que la que estamos estudiando, por el hecho de que no hay cosa más trascendental que salvar el alma, y de esto se trata el curso…

Hoy veremos, con el estilo acostumbrado de sencillez y brevedad, qué cosa es tener fe. Qué es la fe, y en qué consiste. Y nuestro estilo, les recuerdo, no es otro que el de San Ignacio de Loyola, a quien encomendamos el lema de nuestra página web, que dice: “No el mucho saber harta y satisface el alma, mas el sentir y gustar de las cosas internamente”

A eso vayamos, entonces: a gustar de lo sabrosísimo de nuestra hermosa fe católica. ¡Qué placer! Disfrutemos meditando, y meditemos con deleite, que al final de la lección, vamos a ganar méritos para el Cielo, si rezamos con convicción lo que les voy a dejar de tarea.

¿Qué es la fe?

La fe es una virtud teologal, es decir, que hace referencia a Dios, y procede como un don de Él. Es una gracia, un regalo inmerecido. ¿En qué consiste?

Fe es creer lo que Dios ha revelado y la Santa Iglesia nos enseña. Así de simple.

Dice San Pablo: “Sin la fe es imposible agradar a Dios” (Ep. A los Hebreos, XI, 6)

Las verdades de la fe, sin cuyo conocimiento nadie, que haya llegado al uso de razón, se puede salvar, son:

1ª Dios existe.

2ª Dios premia a los buenos y castiga a los malos. (Remunerador)

3ª En Dios hay tres personas realmente distintas.

4ª La segunda Persona divina se hizo hombre para salvarnos.

Debemos creer todo lo que Dios ha revelado, porque Dios no puede engañarse ni engañarnos.

Dios no revela directamente a cada uno las verdades que debemos creer. La Santa Iglesia es la depositaria de las verdades reveladas por Dios, y ella es la encargada de enseñárnoslas. Por eso decimos “Fe es creer lo que Dios ha revelado y la Santa Iglesia nos enseña”.

Como veremos en el artículo IX del Credo, la Santa Iglesia tiene todos los títulos y características necesarias que demuestran su divina institución y misión para enseñarnos lo que Dios ha revelado.

Todo lo que debemos creer para salvarnos está contenido explícita o implícitamente en el Credo. De aquí la enorme importancia de dar a conocer estas verdades a todos. Dios mismo lo dispuso así. Cuando Jesús dijo antes de subir a los cielos: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16, 16), no estaba hablando en chiste o alegóricamente. Este es un mandato Suyo, y nosotros debemos cumplirlo. Si alguien se queja, o le parece exagerado, o demasiado “intolerante” o “irrespetuoso” de las creencias ancestrales de culturas atractivamente exóticas y que deberíamos dejar como están, que le eche la culpa al Divino Maestro.

He aquí el resumen de lo que debemos creer para entrar en el cielo. Creer, y luego practicar lo que manda ésta nuestra religión:

EL CREDO de los Apóstoles 

Creo en Dios Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor.
Fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo.
Nació de Santa María Virgen.
Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.
Fue crucificado, muerto y sepultado.
Descendió a los infiernos.
Al tercer día resucitó de entre los muertos.
Subió a los cielos,
y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos, el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne,
y la vida eterna. Amén.

 

El Credo se llama Símbolo apostólico, porque lo hicieron los apóstoles, para dar a los cristianos una norma de fe. Por lo tanto, tiene un origen lejano: directamente de la época de nuestro Señor.

Todo cristiano debe procurar saber el Credo y rezarlo con frecuencia. Como dijimos, es la primera obligación para quien llega al uso de razón, y con mayor motivo, para los padres encargados de enseñarlo a sus hijos… sagrada responsabilidad.

El Credo tiene doce artículos. Los veremos uno por uno en las próximas lecciones.

Hemos puesto el texto del Credo apostólico en español, idioma que manejamos por origen y cultura, y es la versión más breve y conocida.

Sin embargo, al ser el Latín la lengua oficial e histórica de la Santa Iglesia de Cristo, ofrecemos a continuación la versión del Credo llamado Credo Niceno-constantinopolitano”, para que lo aprendan y recen con especial devoción. Este Credo es más largo, y fue compuesto en el siglo IV, como respuesta a la herejía arriana. Se formuló durante los concilios de Nicea y de Constantinopla, donde se buscó remarcar la fe en la Santísima Trinidad, que el hereje Arrio había puesto en cuestión.

Les comparto también una hermosa interpretación de este mismo Credo cantado, para delectación del alma y ayuda a la devoción. Es fácil de aprender. 



Credo Niceno-constantinopolitano 

Credo in unum Deum,
Patrem omnipoténtem,
factórem caeli et terrae,
visibílium óminum et invisíbilium.

Et in unum Dóminum Iesum Chrustum
Filium Dei unigénitum.
Et ex Patre natum ante ómnia saécula.
Deum de Deo, lumen de lúmine,
Deum verum de Deo vero.
Géntium, non factum, consubtantialem Patri:
per quem ómnia facta sunt.
Qui propter nos hómines
et propter nostram salútem descéndit de caelis

(de rodillas)
Et incarnatus est de Spíritu Sancto
ex María Vírgine et homo factus est.


Crucifixus étiam pro nobis:
sub Póntio Piláto passus et sepúltus est.

Et resurréxit tértia die, secúndum scripturas.
Et ascédit in caelum: sedet ad déxtram Patris.

Et íterum ventúrus est cum glória
inducáre vivos et mortuos:
cuius regni non erit finis.

Et in Spíritum Sanctum,
Dóminum et vivificántem:
qui ex Patre et Filióque prócedit.
Qui cum Patre et Filio
simul adorátur et conglorificátur;
qui locútus est per Prophétas.

Et unam sanctam catholicam
et apostólicam Ecclésiam.

Confíteor unum baptisma
in remissiónem peccatórum.

Et exspécto resurrectiónem mortuórum.
Et venturi saéculi.

Amén


Credo Niceno-constantinopolitano (Castellano)

Creo en un solo Dios;
Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación, bajó del cielo,

y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre;

y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,

y resucitó al tercer día,
según las Escrituras,

y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;

y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo,
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia,
que es una santa, católica y apostólica.

Confieso que hay un solo Bautismo
para el perdón de los pecados.

Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro. Amén.

LA TAREA ES SABOREAR CON FE Y DEVOCIÓN EL CREDO EN LATÍN. 
PUEDE SER CONTEMPLANDO EL VÍDEO QUE LES OFREZCO ARRIBA.
Pensemos que al profesar este Credo, muchos cristianos derramaron su sangre por no cambiar ni una letra.

¡Ave María purísima, sin pecado concebida!  Nos vemos la semana que viene en

Formación con Luis María

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