LECCIÓN 37: LA EUCARISTÍA COMO SACRIFICIO. LA SANTA MISA


12 Sep
12Sep

La Eucaristía como Sacrificio 

Sacrificio es ofrecer a Dios una cosa sensible, y destruirla de alguna manera, en reconocimiento de su supremo dominio sobre todas las cosas. A Dios solamente pueden ofrecerse sacrificios. 

Desde el principio del mundo hubo sacrificios. Los sacrificios de le Ley Antigua eran figura del sacrificio que Jesucristo ofreció muriendo en la Cruz. En la Ley Nueva, la Santa Misa es el sacrificio perpetuo que representa el de la Cruz y nos aplica sus méritos. 

La Santa Misa es el Sacrificio del Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, ofrecido en nuestros altares, bajo las especies del pan y del vino, en memoria del Sacrificio de la Cruz.  En la Cruz y en la Misa el mismo Señor Jesucristo es el Sacerdote y la Víctima, esto es, quien ofrece el sacrificio y es ofrecido.  Por esta razón, la Misa, en su esencia, es el mismo sacrificio de la Cruz. La diferencia está sólo en el modo de ofrecerse:

En la Cruz Jesús se ofreció con derramamiento de sangre. En la Misa Jesús se ofrece sin derramamiento de sangre; pero este derramamiento se representa místicamente, en cuanto, por virtud de las palabras de la consagración, en la Hostia está el Cuerpo y en el Cáliz está la Sangre de Jesucristo. 

El primero y principal oferente de la Misa es el mismo Señor Jesucristo; el sacerdote es el ministro que en nombre de Jesucristo, ofrece el sacrificio al Eterno Padre. Aunque en la Misa Jesús se vale del sacerdote, Él es siempre el principal oferente: como quien da limosna por manos de otro, él es propiamente el que da la limosna y no aquél de quien se vale. 

Jesucristo instituyó la Santa Misa, cuando en la última Cena consagró el pan y el vino, y mandó a los Apóstoles que hiciesen lo mismo en memoria de Él. 

La Santa Misa, porque es sacrificio, se ofrece solamente a Dios. Se dice que se celebra la Misa en honor de la Santísima Virgen o de los Santos, para agradecer a Dios las mercedes que les hizo, y alcanzar por su intercesión, más copiosamente las gracias que necesitamos. 

FINES DE LA SANTA MISA 

Los fines de la Santa Misa son: 

1º Adorar y honrar a Dios tanto, cuanto merece su divina grandeza.  

2º Aplacar a Dios tanto, cuanto exige su infinita justicia, satisfacer por nuestros pecados y ofrecerle sufragios para las almas del purgatorio.

3º Dar gracias a Dios por los inmensos beneficios que nos concede. 

4º Alcanzar de Dios todas las gracias que necesitamos. 

Debemos honrar a Dios tanto, cuanto merece su infinita grandeza. Aunque todos los seres criados nos convirtiéramos en lenguas para alabar a Dios, y nos consumiéramos por su amor como se consumen los cirios que arden en los altares, no le daríamos el honor que Él merece. Dios merece honor infinito, y la pura criatura sólo puede darle un honor limitado. En la Santa Misa tributamos a Dios un honor infinito, porque se lo tributa N. S. Jesucristo en nombre nuestro. 

Debemos aplacar a Dios tanto, cuanto exige su infinita justicia. La malicia de un solo pecado mortal es tan grande, que aunque se derramaran por él más lágrimas de arrepentimiento que gotas de agua contiene el mar, no se daría a Dios la satisfacción debida; pues la ofensa es infinita. En la Santa Misa N. S. Jesucristo mismo pide perdón por nuestros pecados y da satisfacción infinita a la infinita justicia de Dios. 

Debemos dar gracias a Dios por los inmensos beneficios que nos hace. Pero nuestra pequeñez es incapaz de agradecer debidamente ni el más pequeño de los beneficios que Dios nos dispensa. En la Santa Misa N. S. Jesucristo los agradece infinitamente en nombre nuestro. 

Debemos alcanzar de Dios todas las gracias que necesitamos. De Dios viene todo bien, toda gracia para el cuerpo y para el alma, para el tiempo y para la eternidad. Pero, por ser miserables pecadores, más bien merecemos castigos que gracias. En la Santa Misa, N. S. Jesucristo pide por nosotros y nos alcanza todo lo que necesitamos.   

FRUTO DE LA SANTA MISA Y OBLIGACIÓN DE OIRLA 

El fruto de la Misa es general, especial y especialísimo. El fruto general es para toda la Iglesia. El especial es para los vivos o difuntos a favor de quienes se aplica la Misa y para los que asisten a ella. El especialísimo es para el sacerdote que celebra la Misa. 

Nada hay más santo, nada que dé más gloria a Dios que el Santo Sacrificio de la Misa. Una sola Misa da más gloria a Dios que todos los méritos juntos de la Santísima Virgen y de los Santos. ¡Ah! Si los cristianos conocieran lo que vale una Misa, no sólo no faltarían jamás a ella en los días festivos, sino que harían todo lo posible para asistir todos los días. 

Hay obligación de oír Misa todos los domingos y fiestas de guardar. Es muy conveniente, muy laudable y muy provechoso oír Misa todos los días. El acto que más agrada a Dios, y que más aprovecha a nuestra alma es la Santa Misa acompañada de la comunión.  

Oír Misa cada día no es perder tiempo, sino aprovecharlo muy diligentemente. San Isidro Labrador oía diariamente la Santa Misa, y mientras él oía Misa, un Ángel guiaba sus bueyes que araban. Muchas veces falta, no el tiempo para oír Misa cada día, sino la voluntad, querer hacerlo resueltamente. ¡Cuántas personas podrían oír la Misa diariamente, haciendo el pequeño sacrificio de levantarse más temprano! La pereza les roba un tesoro preciosísimo.   

MODO DE OIR LA SANTA MISA 

Para oír bien la Santa Misa son necesarias la modestia en el exterior de la persona y la devoción del corazón. Manifiestan no tener ninguna educación religiosa las personas que no se arrodillan ni siquiera en el solemne acto de la consagración y en la comunión, a no ser que alguna enfermedad les impida estar de rodillas. 

VARIAS MANERAS DE OIR DEVOTAMENTE LA SANTA MISA 

1º Unir desde el principio nuestra intención con la del sacerdote, ofreciendo a Dios el Santo Sacrificio por los fines para que fue instituido. 

2º Acompañar al sacerdote en todas las oraciones y acciones del sacrificio. 

3º Meditar la pasión y muerte de Jesucristo, y aborrecer de todo corazón los pecados que fueron causa de ellas. 

4º Hacer la comunión sacramental, o a lo menos espiritual, cuando el sacerdote comulga. 

5º Rezar el rosario u otras preces. Para oír la Santa Misa, es de mucha utilidad un libro devocionario. Es cosa muy buena rogar también por otros mientras se asiste a la Santa Misa, pues es el tiempo más oportuno para rogar a Dios por los vivos y difuntos.

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