LECCIÓN 2: Los tres pilares de la Iglesia: La Biblia, la Tradición y el Magisterio


12 Oct
12Oct

Queridos lectores:

¡Gracias por estar aquí!

Eso, antes que nada. Y por supuesto: ¡adelante! Formarnos todas las semanas un poco, es muy importante y valioso. Y no deja de ser una muy sana rutina: todos los lunes, al iniciar mi semana, trato de estudiar un tema de mi religión cristiana. En este caso, el tema te lo proporciono yo.

¡Inviten a nuevos estudiantes a sumarse! La difusión de la verdad es una obra de propaganda católica, muy agradable a Dios y provechosa para las almas. Es uno de los mejores regalos que se pueden hacer. Porque, como decía un viejo libro:

"La instrucción religiosa es la luz del alma. Cuanto el alma vale más que el cuerpo, tanto más vale la luz espiritual que la material. Procuremos todos poseer luz tan preciosa y difundirla por todas partes, para disipar las tinieblas espirituales en que están sumidos tantos hermanos nuestros"

Entonces, vamos a lo nuestro.

La semana pasada recordamos conceptos fundamentales de nuestra religión, como es el hecho de que no puede haber dos religiones verdaderas al mismo tiempo, y la necesidad de que haya una sola revelada por el mismo Dios, quien determina el modo de rendirle culto, y no el hombre.

Dejando de lado, por tanto, todo capricho y relativismo, nos consideramos preparados para avanzar en nuestra formación, sin temor a los peligrosos errores del inicio, ya que un error al inicio puede ser fatal al final. Y los vicios adquiridos en el comienzo del aprendizaje, no se los saca fácilmente en el porvenir.

Apuntamos a una formación sana y humilde: es Dios quien revela al hombre. Y no tiene sentido discutir sobre esto. Los hechos son evidentes para quien quiera mirarlos.

Es preciso, entonces, empezar por los cimientos. Dicho lo primero, en la lección pasada, podemos ir a los fundamentos de nuestra fe. Y los fundamentos están en estos tres pilares: La Biblia, la Tradición y el Magisterio.

Todas las verdades de la religión cristiana están contenidas en la Biblia y en la Tradición divina. Y el Magisterio milenario de la Iglesia nos las explica y las custodia. Son los pilares de la Revelación de Dios al hombre.

PILAR DE LA BIBLIA

La Biblia o Sagrada Escritura, es la palabra de Dios escrita. Los libros de la Biblia son 72. El Espíritu Santo inspiró a los hombres que los escribieron.

La Biblia se divide en Antiguo y Nuevo Testamento.

El Antiguo Testamento comprende 45 libros escritos antes de la venida de N. S. Jesucristo.

El Nuevo Testamento comprende 27 libros escritos después de la venida de N. S. Jesucristo.

La Sagrada Escritura no dice qué libros han sido inspirados por Dios; sabemos cuáles son éstos sólo por la Tradición divina.

PILAR DE LA TRADICIÓN

Tradición divina es la palabra de Dios no escrita en la Biblia.

La religión primitiva pasó de padres a hijos por la Tradición divina. De boca en boca.

Por esta razón, es tan importante la Tradición divina como la misma Sagrada Escritura.

De hecho, Jesucristo no escribió libro alguno, ni mandó a los Apóstoles escribir, sino predicar el Evangelio a toda criatura; y así lo practicaron.

Los Evangelios y demás libros del Nuevo Testamento fueron escritos algunos años después que Jesucristo subió a los cielos, cuando los Apóstoles habían ya predicado el Evangelio en muchas partes.

La depositaria de la Tradición divina es la Iglesia de Jesucristo, TERCER PILAR.

PILAR DEL MAGISTERIO

La Tradición divina y la autoridad de la Iglesia son necesarias para saber qué libros forman la Sagrada Escritura y cómo se deben interpretar.

Sólo se pueden leer las Biblias aprobadas por la Santa Iglesia, las cuales van acompañadas de las correspondientes notas aclaratorias del texto.

El documento Dei Verbum del Concilio Vaticano II, dice: "El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado solo al magisterio vivo de la iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo”.

Pero… ¿Puede el Magisterio enseñarnos otra cosa?

Continúa la cita: "Pero el Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser creído"

Nuestro Señor encomendó este oficio a Pedro en el Evangelio de Mateo, capítulo 16, versículo 19 “A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos”.

Miren cómo el Apóstol Pablo enseña en sus epístolas esta relación entre la Tradición recibida, y la enseñanza de la Iglesia:

Filipenses 4,9 “Pongan en práctica todo lo que han aprendido, recibido y oído de mí, todo lo que me han visto hacer, y el Dios de la paz estará con ustedes”.

Y en 2 Timoteo 2, 2 “cuanto me has oído en presencia de muchos testigos confíalo a hombres fieles, que sean capaces, a su vez, de instruir a otros”.


CONCLUSIÓN

Por tanto, queridos lectores, adhirámonos con fe profunda y confianza total a estos tres pilares de nuestra Sagrada Religión, ya que quien reveló no es otro que el mismísimo Dios, incapaz de mentir. Dios es nuestro Padre y nos ama. Con esta razón debería ser suficiente para creerle todo.

Si quieren los lectores profundizar en estos temas, pueden consultar en los siguientes lugares:

Dei verbum:

http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html

Catecismo:

http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s1c2a2_sp.html

Fides et Ratio de Juan Pablo II

http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_14091998_fides-et-ratio.html

Y nos vemos el lunes que viene, con nuevos temas para formarnos cada semana, de a poco. Ya con lo que hemos resumido hoy, tienen para varios días.

Les aconsejo estudiarlo, o al menos hacer el esfuerzo de ser capaz de explicárselo a otro. Es la mejor manera de corroborar que lo hemos entendido y lo hemos memorizado.

¡Dios los bendiga!

Formación con Luis María

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